Everybody takes a pooh

Una de las grandes pasiones de El Mulo (no confundir con el personaje de Asimov) era la gastronomía. Por otro lado, nuestro universal autor también cultivó la poesía de una manera singular, majestuosa, brutal e imitada por doquier. En este artículo comenzamos la revisión de su obra poética y la influencia que ésta ha tenido en todas las corrientes actuales.

El especialista en poesía contemporánea y autor de varios best-sellers románticos Dr. Serrano Bello, titular del departamento de Literatura y Física de la Universidad Albert Camus de Ontario, ha descrito la figura de El Mulo (no confundir con el personaje de Asimov) como “un auténtico visionario de la métrica y la rima discordante, capaz de fundir en uno solo de sus versos más belleza que París y Roma juntas, como si fueran una megaciudad habitada por jóvenes modelos brasileñas. Su estilo, mordaz y afilado, es capaz de sobrecoger los corazones más pétreos a la vez que infiere en el lector toda una conjunción de ideas y conceptos socio-políticos críticos, subversivos y revolucionarios. Sin duda, autores como Henry Chinaski, T. Pynchon o D.F. Wallace se han impregnado de toda su sabiduría cual bukkake literaria”[1].

En la ya mítica Antología poética y 50 recetas de kitche sin queso, obra de la que Atari-Mondadoori sólo publicó 36 copias en 1993 y cuyo original se perdió en el naufragio del buque Olympus en 1994 a orillas del Gólgota, encontramos una de las grandes perlas poéticas que nuestro genial autor dejó para la posteridad: Everybody takes a pooh (trad. Todo el mundo hace caca), escrita en 1978. Para Dr. Serrano Bello, “en este magistral poema cuasi épico realiza una especie de revisión de Poeta en Nueva York de Lorca con la que alcanza una dimensión aún superior a la lograda por el poeta granadino: ahora, en vez de Nueva York, El Mulo (no confundir con el personaje de Asimov) se traslada a otro epicentro del mundo occidental del siglo XX: Nueva Jersey. Los personajes, sus vivencias, los paisajes, los colores y olores, el mensaje social, el aire… todo en este poema atrapa al lector desde la primera a la última de sus palabras” [2].


Everybody takes a pooh (Todo el mundo hace caca)

Joe mira desdentado el rascacielos,
Sandy pasea a la loca de su hermana,
el bus 33 que se dirige a Park Av.
pasa por mis narices y no se para.
Pero cuando llega la noche
todo el mundo hace caca.

Brandford toca el trombón,
Bill E. le acompaña a la guitarra
y Ray Bob es un jodido borracho
que toca sin ritmo las maracas.
Pero cuando llega la noche
todo el mundo hace caca.

Jackson limpia sonriente las botas
de los altos ejecutivos de Manhattan.
Cassandra observa sola a Jackson
desde una cuadragésimo novena planta.
Pero al caer la noche
todo el mundo hace caca.

Las palomas afilan el skyline
como asesinos envueltos en alas,
con el miedo que me da esa idea
me marcho pitando a casa.
Y cuando cae la noche
todo el mundo hace caca.


[1] Rafael Serrano Bello, Grafeno aparte, hablemos de poesía moderna, ed. Alpha-Centauri, Sevilla, 2001, p. 5-6.
[2] Rafael Serrano Bello, A mí no me mires, yo voté a Reagan y otros ensayos poéticos, ed. Alpha-Centauri, Sevilla, 2002, p. 178.

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