Encuentro con el dramaturgo Gamble Pearson (Diario, vol. XIII – Episodio I, pág. 766)

Los Diarios Secretos de El Mulo (no confundir con el personaje de Asimov) se han convertido, desde su ingente recopilación y reciente publicación en veintitrés volúmenes por la editorial Absolute Shit, en una de las obras autobiográficas más influyentes de los últimos dos siglos y medio. Su relevancia en el mundo editorial y cultural es comparable a las memorias de Winston Churchill o a la biografía no autorizada del hijo chino perdido del Ché Guevara. Sin duda, esta recopilación de escritos de nuestro autor favorito se convertirá en lectura obligatoria en cualquier institución académica decente.

Hail The Mule!, en colaboración con la editorial Absolute Shit y la participación del departamento de Literatura Contemporánea la Fundación Argelina para la Profilaxis Dental, tiene el placer de publicar varios extractos de Los Diarios Secretos de El Mulo (no confundir con el personaje de Asimov).

Durante las próximas fechas compartiremos el capítulo dedicado al encuentro con el dramaturgo neoyorquino Gamble Pearson, quien a principios de los setenta se convirtiera en referente mundial del teatro experimental y cuya muerte pasó a los anales de las más ridículas en el mundo del espectáculo.


Saint-Moritz. Dec 30, 1983

Esta mañana, el fular de Gamble Pearson me asaltó la memoria cual comando israelí hasta arriba de adrenalina. Tuvo la culpa una mujerona austriaca que vestía uno igual de horrible en el restaurante del hotel donde me hospedo con la insaciable señorita X [1]. Pearson, el inolvidable Gamble Pearson. Este tipo podía ser definido como “el perfecto gilipollas de la Costa Este” porque, con el paso del tiempo, te das cuenta de que era en realidad un pésimo dramaturgo, con aires pseudomesiánicos, cuarentón y atado a un puñetero fular de angorina celeste que debió de pertenecer a su tatarabuela en tiempos de Napoleón. Asimismo, debía de sufrir un raro trauma-trastorno-gilipollez relacionado con algún tipo de carencia de genes africanos o antillanos, porque era un funkyman de lo más extraño.

Lo conocí en Nueva York, octubre de 1975, durante una cita que mi editor Lester Hiphop arregló para comprobar si mi obra de teatro experimental La cosa que se agita en mi ano es un dios arcano [2] podría tener éxito en Broadway, y luego en Londres, Paris, Kentucky, Monterrey, Bombay… Pero no lo tuvo, por extraño que parezca. Y todo por culpa del maldito Gamble Pearson y su jodido fular celeste.

Seguro que algunos de vosotros -si leéis esto algún día y tenéis edad suficiente- recordáis aquella obra de 1973 con la que Pearson se encumbró como “director de culto” (que, traducido al lenguaje común de la calle, significa “avieso e ignorante sabelotodo-capullo con contactos y un poco de suerte”) gracias a una buena crítica del Yorker. La citada obra se titulaba Cuando Steff y Danny Boy le acarician las costillas a Jesucristo Smith, una especie de musical bizarro y contestatario a lo Jesucristo Superstar. La diferencia era que no había Jesucristo, ni Superstar, ni musica, ni siquiera un tipo ahorcándose -lo que, por cierto, hubiera sido muy acertado por su parte-. El crítico le debía una a Pearson por no recuerdo qué coartada para no sé qué asunto de prostitución infantil en no sé qué isla del Pacífico. A partir de entonces, Gamble pasó de ser un desgraciado dramaturgo con menos luces que uno de esos drogatas de San Francisco, a convertirse en un millonario y desgraciado dramaturgo con menos luces que uno de esos drogatas de San Francisco. Ese tipo de hombre al que Dios golpea el cráneo con un stick hecho de moléculas de suerte.

Regresando al asunto que nos atañe, Hiphop concertó la cita en el neoyorquino Gio´s de la Calle Marshall Lickinbutt (sí, aquel famoso restaurante donde todo el mundo que tuviera algún nombre quedaba por entonces para pasarse ácido en los baños). La intención de mi editor era obvia: Gamble Pearson, mal que me pesara, adaptaría mi revolucionaria obra, todos ganaríamos pasta gansa y después a bailar y a meternos en problemas con la DEA.

Once de la noche, conversación teléfonica, conexión Los Ángeles-Brooklyn:

-(…) Prefiero que lo haga el pobre viejo Marlow, ¿lo recuerdas? Aquel borracho de Crittenton Valley que violó y asesinó a cuatro mulas antes de arrojarse al río Chukuokkawa tenía más criterio en uno de sus pocos y podridos dientes que ese imbécil -opiné sobre la participación de Pearson.

-Irás al Gio´s y serás jodidamente amable con Pearson -respondió Hiphop-. Es un tipo influyente y ahora mismo toda una mina de oro. No hay obra que pase por sus repulsivas manos que no se convierta en un clásico instantáneo. Recuerda el éxito de ¡Caballo veloz, corre a Cincinnati! o Convento sangriento

-Es un perfecto idiota. Woody[3], que controla toda Manhattan y sabe de cada cineasta, dramaturgo, guionista o aspirante a mala actriz de la isla, lo conoce bien. Y no le cae bien el tipo precisamente. Me ha comentado que suele decir cosas como “me hierve la sangre como si fuera un reactor nucelar” o “deja de llorar como un marica lo que no has sabido interpretar como un maricón”. Es un tío insoportable -repuse.

-Te jodes. A las 19 horas CET en el puto Gio´s. Es una orden. ¿Te enteras? -y colgó.

Así se las gastaba el bueno de Lester Hiphop. Casi me emocioné cuando, nueve años después, murió en un trágico accidente con una bolsa de plástico en la cabeza durante una orgía en un burdel del Líbano. No llegué a soltar una lágrima porque estaba viendo a Magic en el Staples.


[1] Según investigaciones llevadas a cabo por el departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Genética y Arte Libre de la Universidad de Baltimore, la “señorita X” a la que hace referencia era en realidad una joven, ambiciosa y desconocida actriz de teatro llamada Mary Louise Streep, a la que El Mulo (no confundir con el personaje de Asimov) ayudó a lanzar su carrera cinematográfica unos años después.

[2] Editado en 1985 por Absolute Shit como Las costras viscosas de Sir Norman Delaney.

[3] Woody Cassone, mafioso italo-americano aspirante a actor romántico cuyo mayor hito en el mundo del cine fue trabajar de extra como soldado clon en El Imperio Contraataca. Falleció en 1988 “de forma trágicamente accidental”, según el informe de la policía de Nueva York. Encontraron su cadáver en doce bolsas de plástico repartidas por Central Park.

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