Crónica de ‘La Guerra de Pussywet y los Chicos del Pollo’

GREENSBORO POST  March 6th, 1991

20 años de una guerra con sabor a pollo frito

by El Mulo (no confundir con el personaje de Asimov)

Dick Pussywet, una semana antes de su fallecimiento.

Hoy se cumplen veinte años de las famosas revueltas de trabajadores del sector del pollo frito que acaecieron en Dustyburg, condado de Montgomery, VA, durante la primavera de 1971 y que dieron la vuelta al mundo, sobre todo en la parte suroeste de Roanoke. La tragedia se cernió sobre esta pequeña población de trescientos dos habitantes, junto al lago Claytor, con la muerte de doce empleados -la mayoría dispensadores ambulantes- y casi trescientos pollos inocentes. Todo comenzó cuando en la tarde noche del viernes 6 de marzo de 1970, el joven Dick Pussywet, destacado estudiante de secundaria en el instituto Arcadia de Dustyburg y empleado los fines de semana en el puesto ambulante de la compañía Crazy Chicken Hotwings de la calle Lassie The Dog, solicitó a su jefe, el ex-sargento de la US Air Force Bobby ‘Hotwings’ Shockinside, la posibilidad de aumentar su sueldo de un dólar a la hora a un dólar con quince. La respuesta del empresario se tradujo en treinta y dos disparos a bocajarro en el pecho de su subordinado.

El 14 de junio de 1971 se celebró el juicio en Blacksburg, la ciudad con mayor importancia administrativa del condado. Según la versión expuesta por Shockinside ante el tribunal popular que lo juzgó, “el chico abría mucho los ojos, tenía la mirada muy perdida y temblorosa. Su mirada, sí, fue su mirada asesina lo que me asustó: esa mirada que yo ya había visto antes en Pearl Harbour. Justo cuando me decía esas horribles palabras propias de un cochino soviético, introdujo una mano en el bolsillo y creí ver la culata de un rifle de asalto… Oh, dios, me vi obligado a actuar antes de que él lo hiciera. Fue un accidente. Yo tenía miedo de veras. ¡En el nombre de Cristo: lo hice en legítima defensa!”. Casual o accidentalmente, Shockinside obvió que el adolescente Dick Pussywet era ciego de nacimiento y que lo que la policía halló en su mano era un inhalador para el asma crónico que sufría (detalles, estos últimos, pasados por alto por el tribunal ante la pérdida de pruebas por parte del ayudante del sheriff, a la postre hijo de éste). El tribunal finalmente declaró no culpable a Pussywet tras escuchar en su alegato final que a él le dolía más que al muchacho, que lo sentía de veras y que no lo volvería a hacer, a menos que se encontrara a otro “puto comunista, claro”. El juez, asimismo, sentenció que Shockinside debía ser compensado por el Estado de Virginia con un cheque de 25.000 dólares por los daños psicológicos, morales, de honor y de imagen que había sufrido por el juicio.

Así las cosas, la sentencia y posterior reclamación por parte de Shockinside provocaron esa misma tarde la feroz huelga de dispensadores ambulantes de pollo frito de Dustyburg. Estas movilizaciones crearon ipso facto una fuerte alarma social en la población ante el más que probable déficit de distribución de alitas de pollo en el condado, hiriendo así uno de los pilares básicos de la convivencia e industria en una zona de rica tradición avícola-gastronómica. El día siguiente al juicio, coincidiendo con la antiquísima Feria Primaveral del Disparo al Extraño, comenzaron los duros enfrentamientos entre los Chicos del Pollo -así se dieron a conocer los once huelguistas menores de dieciocho años que protestaban por la muerte de su compañero y, sobre todo, por la negativa de subirles el sueldo- y las fuerzas de seguridad y civiles del condado.

Tácticas dignas de Vietnam

La lucha callejera fue realmente encarnizada; los Chicos del Pollo utilizaron tácticas propias de Vietnam, según relataron algunos veteranos testigos: lanzaban todo tipo armas arrojadizas a las autoridades locales, como duros muslos ultrapicantes, inestables tarros de salsa chili, afilados huesos de pollos o cubos de cartón llenos de repulsivas carcasas grasientas. Aunque lo peor de todo, en opinión de algunos testigos presentes en aquella batalla campal, fueron los insultos y las proclamas lanzadas al silencioso aire de Dustyburg. La guerra psicológica, ideológica y léxica estaba servida, una nueva y sorpresiva táctica por parte de estudiantes con acné, miembros del Club de Ajedrez y Ciencia Ficción del Instituto Arcadia, que no dudaron en zaherir a las autoridades con frases del tipo “La policía nos oprime en demasía” o “¡El sistema está corrupto desde su raíz avícola!”. Las patrullas policiales y civiles, ante tamaño acto de violencia verbal que apenas entendían, se vieron obligadas a “responder en legítima defensa con sus rifles, pistolas, granadas de mano y el apoyo de ex-combatientes locales especializados en la guerra de guerrillas que la peligrosa banda terrorista de los Chicos del Pollo habían traído a este tranquilo y pacífico pueblo”, publicó el Christianburg Chronicles en un breve de su edición del 16 de junio de 1971.

En total fueron trece los intensos y violentos minutos que duró este enfrentamiento, el cual ha pasado a la historia negra de la humanidad como La guerra de Pussywet y los Chicos del Pollo; su triste balance final: once empleados del sector del pollo frito muertos por una media de sesenta y un disparos en la cabeza provenientes de al menos ciento cinco armas diferentes; en el otro bando, un ayudante de patrulla civil ingresado en el hospital con una súbita bajada de azúcar. El número de pollos inocentes sacrificados fue de doscientos noventa y dos. Sus restos descansan en un memorial junto al matadero del pueblo.

El silencio del olvido

Desde entonces, Dustyburg, en el condado de Montgomery, VA, se ha convertido en un enclave maldito para la industria del pollo frito. Las ventas cayeron en picado y donde antes se facturaban casi 3.000 dólares anuales en la compraventa de alitas de pollo, ahora su facturación es cero, según datos aportados por la Comisión Federal del Pollo Frito (FCFC). Sus ciudadanos, testigos y actores en aquella ya lejana tragedia griega, guardan un oprobioso silencio lleno de vergüenza por un episodio que tratan de olvidar pero que cada 6 de marzo les recuerda lo sucedido. Tras siglos de historia repleta de referencias a este manjar exquisito inventado por los holandeses o por los ingleses -el eterno debate del pollo frito en cubos de cartón-, los ciudadanos de esta villa junto al serpenteante lago Claytor han decidido sustituir el alimento aviar por deliciosos cubos repletos de tofu picante importado, casualmente, de Vietnam. Gracias a esto, el sobrepeso de la población ha disminuido notablemente, aunque no lo suficiente para mirar al cielo y sentir el invisible peso de la justicia. En esta vida o en la otra.

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