«La Virgen María tenía razón: el muro ha caído». Entrevista a El Mulo (no confudir con…) tras su regreso del exilio, diciembre de 1989

De mente a mente: «La Virgen María tenía razón: el muro ha caído»
Johnny Barkley, Los Angeles

Mi cita con una de las grandes figuras de la literatura y la cultura general del último siglo es en el prestigioso restaurante exótico El Taco Loco de Pasadena. Llego diez minutos tarde al encuentro porque mi pareja ha demostrado ser incapaz de planchar una puñetera camisa como una persona normal. Es entonces cuando diviso la excelsa y atractiva figura de El Mulo (no confundir con el personaje de Asimov) sentado en una apartada mesa. El sol de Pasadena incide en su perfil griego proyectando una sombra negra y abisal sobre el cartel que oferta dos burritos por el precio de uno. Parece delectarse con su manjar azteca con doble de chili y una ambrosía en forma de zumo de tamarindo. Como es normal en un ser erudito como él, lee mientras almuerza: podría decirse que mastica palabra a palabra, deglute cada frase, digiere cada párrafo… para después convertirlos en la más importante y prolífica obra literaria actual. Cito sus famosas palabras en la inauguración de la LXVIII Convención de Poetas Somalíes de Kentucky: «Leer es el ejercicio del intelecto y de los obesos que no tienen televisión por cable». Pienso en Schopennhauer, en Keats, en Burroughs… ¿Qué estará leyendo el gran autor de nuestro tiempo? Para mi sorpresa, se trata de Perritos y gatitos, una novela gráfica para niños de cuatro años. La sabiduría de este hombre renacentista lo abarca todo. El ser omnisciente que regresa a Ítaca. Llego a la mesa. Nos saludamos. «¿Has visto esto? Es lo mejor que he leído en mi vida. Debería haber una copia en cada maldita universidad de este país», sentencia categóricamente mientras me muestra los dibujos de perritos y gatitos impresos en las cuatro páginas de cartón de su libro. ¡Por todos los dioses del universo!, ¿qué nivel de omnisciencia y ulterior prospección ha de atesorar la mente de este hombre para hablar así de un libro para niños? Enciendo mi grabadora y comenzamos. Promete ser una entrevista en exclusiva inolvidable.

Johnny Barkley: Ante todo, quiero expresarle mi más profunda admiración por su obra. Su visión nihilista de las duchas en el gimnasio y su circunstancia cambió mi vida. Es todo un honor entrevistar a una de las figuras más reconocidas y controvertidas en el mundo de la cultura universal de los últimos sesenta y ocho años, según la revista Cultura Total. Hace tiempo que no sabemos mucho de usted, más en concreto desde la presentación en Manila de su último y exitoso ensayo, el aclamado best-seller ¿Por qué Dios te patea el culo, mata a tu perro y después se carcajea en tu cara? Un análisis semiótico. ¿Puede decirnos dónde ha estado todo este tiempo y, sobre todo, a qué ha dedicado el mismo?

El Mulo (no confundir con el personaje de Asimov): He viajado por ahí, ya sabes, visitando sitios que no conocía, conociendo gente nueva: chicas ligeras de cascos en Nueva Orleans, travestís soldados con nociones de astrofísica en el Líbano y todo eso; también, he asistido a peleas de pollos en Manila, a conciertos de bandas suecas en Estocolmo y demás basura que mi psicólogo me recomendó cuando caí depresivo por aquel maldito asunto de… (Carraspea, escupe al suelo) Ya sabes, todo aquel asunto de cuando la Virgen María me hablaba cada vez que iba a orinar. (Le da un largo y amargo trago a su zumo de tamarindo)

J.B.: Recuerdo aquel escándalo: drogas sintéticas, orgías, música techno e intento de magnicidio de por medio. Extrañamente no ha quedado cerrado del todo en la memoria cortoplacista de la opinión pública. ¿Tiene algo que comentar acerca de ello a sus millones de fans al cabo de todos estos años?

E.M.(n.c.c.e.p.d.A.): No sé qué más decir que no dijera ya mi abogado hace cinco años. Vi lo que vi y escuché lo que escuché, nada más. Yo no tengo la culpa de que la Virgen María me ordenara desmembrar al, abro comillas, jodido Gorbachov, cierro comillas. Sólo sé que quería que lo hiciera a la vieja usanza medieval, atado a cuatro caballos que el Apocalipsis le cedería gustosamente porque le debía un favor de no-sé-qué negocios con unos colombianos. Mira, seamos sinceros: yo no creo ni en Dios ni en la Virgen ni en Lloyd Weber, pero te juro por mis fans franceses que ella me decía que si no acaba con Gorbachov, el muro caería y todo eso acarrearía consecuencias y demás… Todo fue raro, químico y ciertamente confuso. ¡Y ella era tan real! Después, los planes del supuesto atentado se perdieron y yo finalmente me libré de la cárcel alegando psicosis temporal por la ingesta de química alemana. Ya está, dejémoslo ahí. Aunque, como podemos ver estas semanas, la Virgen María tenía razón: el muro ha caído y las consecuencias vendrán tarde o temprano en forma de… bueno, ya veremos.

J.B.: Interesante. ¿Recuerda cómo era ella, es decir, su imagen? ¿Responde a la imagen icónica que el mundo cristiano tiene de ella, tipo Sophia Loren?

E.M.(n.c.c.e.p.d.A.): Más o menos. Creo que medía algo así como tres metros y era bizca. Y tenía acento de Brooklyn. Pero, mira, todo eso es agua pasada… No quiero hablar más de esto, no quiero remover más todo este asunto tan turbio. Es como remover el cubo de heces del campeón de sumo de Okinawa el día de la boda de su hermana Okakko. Y sé de lo que hablo: es un infierno (Su rostro se compunge, recuerdos e imágenes asaltan su privilegiada memoria. No hurgaré más en el dolor de un semidiós que regresa a la vida mortal tras su paso por un Olimpo inalcanzable para nosotros, insignificantes muñecos de barro).

Nuevos proyectos

J.B.: Pasemos, pues, a otro asunto. Usted se ha caracterizado, además de por su gran atractivo físico, por ser uno de los autores más prolíficos y versátiles de todos los tiempos, a la altura de Leonardo Da Vinci o Frank Sinatra. ¿En qué está trabajando actualmente? ¿Cómo piensa sorprender al mundo una vez más con su proverbial maestría?

E.M.(n.c.c.e.p.d.A.): Tengo un par de proyectos interesantes que están ahí, evolucionando poco a poco como el cadáver de una rata en descomposición. En el ámbito literario, puedo anunciar, si mi agente no me asesina (risas, miradas nerviosas de soslayo), que estoy escribiendo una revolucionaria novela que se titulará Policías en calzoncillos. Se trata de dos policías en calzoncillos de la brigada criminal de policías en calzoncillos de Nueva York que, tras un asesinato masivo de bailarines octogenarios aficionados, se enfrentan a un dilema existencial altamente cualificado y extremadamente difícil de comprender. Hay giros inesperados y expresiones en latín.

J.B.: Suena genial, conceptualmente asombroso. No quiero parecer impertinente ni desvelar nada a nuestros lectores, pero ¿podría adelantarnos cuál es ese dilema existencial altamente cualificado?

E.M.(n.c.c.e.p.d.A.): No lo sé aún, sólo llevo escrita media página. Hay un caballo.

J.B.: Seguro que, una vez más, no nos defraudará. ¿Y qué puede decirnos de sus otros proyectos? Se rumorea que quiere desmontar la Teoría de la Relatividad de Einstein con un experimento sin precedentes…

E.M.(n.c.c.e.p.d.A.): Bueno, ese proyecto se fue al traste porque necesitaba un vaso de plástico del tamaño de un estadio de fútbol y nadie se atreve a construir uno, ni siquiera los coreanos. Añádele el boicot de los lobbys científicos europeos y es casi imposible hacer nada. Así que me dije: «Ey, al infierno con todo esto», y decidí dejar aparcado todo el tema para dedicarme a otras cosas. Gracias a dios, en estos momentos estoy más que entusiasmado con un proyecto que creo será el culmen de mi vida. O no.

J.B.: ¡Extraordinario! ¿Puede adelantarnos en exclusiva de qué se trata?

E.M.(n.c.c.e.p.d.A.): Es un parque temático sobre mofetas. (Silencio. Bastante largo) En mi opinión, las mofetas son unos animales demasiado desconocidos. Les pasa como a los artistas modernos. Y, sí, de acuerdo, apestan como ellos, pero, ¿por qué esa manía con las mofetas? Nos encantan animales tan repulsivos como el tejón, las anguilas, el lémur de cola anillada o las cucarachas. ¿Y qué es lo primero que hacemos cuando nos encontramos con una mofeta? Dispararles entre los ojos con nuestro rifle. ¡No es justo! Por eso quiero crear un sitio especial en el que todos los miembros de una familia puedan conocer un poco más a estos asombrosos animales. ¿Sabías que el rey Jaime I de Inglaterra y VI de Escocia le regaló una mofeta al embajador de España en 1615? Bueno, no lo hizo, pero las mofetas son unos animales tan extraordinarios como incomprendidos.

J.B.: ¿Y dónde piensa construir ese mega parque temático?

E.M.(n.c.c.e.p.d.A.): Mi socio -el magnate Chuck Weipraum- y yo habíamos pensado en Miami, Florida. Pero el hecho de que el buen viejo Chucky esté en busca y captura por un tema de triple asesinato no ha facilitado las cosas. Malditos burócratas de Washington… Así que estamos en negociaciones con el gobierno local de Ulán Bator, Mongolia. Si todo marcha bien, Happy Muffetland estará abierto al público en unos treinta y cinco años. Con estos plazos, será mi gran obra póstuma, mi Sagrada Familia de Gaudí, mi Réquiem de Mozart.

«No podemos agradar a todo el mundo»

J.B.: Hablando de su obra, seguramente haya tenido noticias sobre la nueva y crítica corriente llamada «Mot de Dieu… et de son frère Didier», cuya sede se encuentra el departamento de Altísima Literatura Contemporánea de la Universidad de Ekhimmayth, Gales. Según este grupo de estudiosos, su obra puede definirse, gráfica y sucintamente, con el calificativo de «subnormal». ¿Qué tiene que decir al respecto?

E.M.(n.c.c.e.p.d.A.): La opinión de este grupo, como la de cualquier persona, me merece todo el respeto del mundo (Expele un regüeldo flatulento que me hace recordar su naturaleza terrenal). Todos, incluido yo, debemos aceptar la crítica como un ítem constructivo en el que la libertad de opinión y de expresión imperen como Napoleón. Sé que a esta nueva corriente no les resulta atractiva mi obra, ¿y qué? No podemos agradar a todo el mundo, ¿verdad? (Ríe) Observa, por ejemplo, este magnífico libro (me señala el ya mencionado Perritos y gatitos): seguro que tiene millones de detractores por todo el mundo sólo por el hecho de tratar un tema tan (hace gesto de las comillas con sus manos de atractivo pianista polaco) intrascendente (cierra comillas) como es el día a día en la difícil vida de los perritos y de los gatitos. Pero, ¿se han parado a pensar todos los misterios y axiomas universales que esconden estas cuatro páginas llenas de humor, conocimiento y emoción? No, sólo ven lo que quieren ver, nada que esté más allá de sus lentes bifocales. Es realmente triste. De todos modos, he de decir que estos jóvenes parecen buena gente. De hecho, conocí personalmente hace un par de semanas al líder de esta secta de estudiantes coprófilos sabelotodos y altísimamente hijos de puta, un tal Gaitt Moffanhackt, al que le deseo una pronta y agónica muerte a través de un prolapso anal. A él y a toda su familia. Y a Gales. Siguiente pregunta.

J.B.: No tenemos mucho más tiempo, creo que lo dejaremos ahí.

E.M.(n.c.c.e.p.d.A.): ¡Gracias al cielo! Tengo que ir al servicio ahora mismo: ¡creo que voy a poner un huevo del tamaño de un Mercedes!

J.B.: Gracias por su tiempo, señor (no confundir con el personaje de Asimov).

E.M.(n.c.c.e.p.d.A.): De nada, muchacho. ¿Me harás el favor de pagar tú? Creo que no tengo ni para comprarle medio preservativo usado al mendigo de la puerta. Adiós.

El Mulo (no confundir…) se levanta rápidamente y se marcha corriendo en dirección a los lavabos. En el camino suelta una extensa retahíla de improperios en español mientras señala y maldice a los empleados de El Taco Loco. En la mesa ha dejado abierta su copia de Perritos y gatitos. No sé si estoy preparado para el reto que supone leer sus cuatro páginas. Ni siquiera sé si estoy preparado para relacionarme con todas las sombras humanoides que pululan por Los Angeles después de haber compartido con Él esta maravillosa charla. De mente a mente. Pronto sabremos con qué nueva lección nos sorprende. Hasta entonces, Hail The Mule!

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