Sobre la paciencia y la templanza moral (ataque feroz a ELP)

En 1973 El Mulo escribió en su cuaderno de notas nº 344 la siguiente breve y asombrosa reflexión sobre los límites de la paciencia y la templanza moral. Según cuenta la leyenda, lo hizo mientras esperaba en la cola del Madison Square Garden para conseguir un par de entradas para ver un concierto del grupo germano Can:

La paciencia tiene un límite relativo. Pongamos dos ejemplos muy fáciles y comunes: para extirparle del cráneo al Rey de Dinamarca una bala del calibre treinta y seis disparada por un terrorista norcoreano con el apoyo subrepticio de los servicios secretos chinos, siendo totalmente consciente de que su vida depende solo y exclusivamente de tus temblorosas manos mientras medio globo pende de su salvación para que no llegue la Tercera Guerra Mundial, al cirujano (alcoholizado en este caso y en otros muchos) se le suele exigir una paciencia y templanza moral y física que no coincide precisamente con la que que se necesita al esperar en la cola del supermercado a que la puñetera Peggy consulte con el ayudante del encargado el procedimiento establecido en caso de fallecimiento de un cliente justo en el momento exacto de pagar, tal es el caso del buen viejo señor Tammsick, el cual yace inconsciente sobre la cinta automática de la caja número 3 a causa de un triple infarto y el muy cabrón no suelta ni el billete de veinte dólares ni las pastillas para el reuma. La paciencia, por tanto, es una prueba que mide la intensidad de nuestra capacidad para aguantar atados y bien atados nuestros instintos más primarios en la consecución de diversos objetivos como son no acabar de asesinar al maldito Rey de Dinamarca -y a miles de millones de personas de forma subsidiaria- o a la atractiva y pegajosa Peggy. Hace eones que la naturaleza desarrolla este concepto, como podemos observar de forma empírica con los cocodrilos del Nilo, a los que les ocurre exactamente igual cuando miles de gacelas y ñúes cruzan por su casa. O como cuando alguien va a un concierto de Emerson, Lake & Palmer y no se vuela la tapa de los sesos a los cinco minutos.

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