Sticky Fingers (II)

―Quizá un poco de LSD ―dije al fin― porque, demonios, esta fiesta está muerta.
―No te preocupes, hijo, tendrás el mejor LSD que haya en este maldito barrio de Londres; si hace falta, pido un taxi, voy a Cambridge y se lo quito de la sangre al mismísimo Syd Barrett ―me consoló dándome una suave palmada en la espalda―. De hecho, no sería la primera vez. Maldito loco… ―musitó antes de darle un trago a su Martini―. Bueno, dejémonos ahora de gilipolleces y hablemos de negocios: te hemos traído aquí por una razón, no creas que esta fiesta que nos ha costado diez mil pavos es porque somos gilipollas y nos gusta tirar el dinero por ahí; eso era el año pasado. Como bien sabrás, el consejo asesor de Absolute Shit ha mostrado mucho interés en fichar nuevas caras a este lado del charco, una estrategia que comenzó hace unos meses con la incorporación de Samuel McConagie y Levi Firestarter, dos tipos que prometen, según Henry Chinaski. Pero quieren más savia nueva.
―¿Qué ha pasado con el fichaje Sir Archibald Monroe del que tanto hablabais? ―recordé.
―Bah, poca cosa. Resultó no ser en realidad un Sir, ni siquiera inglés: era un japonés, ¡UN MALDITO JAPONÉS DE KIOTO QUE QUERÍA VENIR A U.S.A. A VIVIR EL MALDITO SUEÑO AMERICANO QUE TANTA SANGRE NOS HA COSTADO! ―se quejó Dan antes de dar un nuevo trago a su bebida. Inspiró con los ojos cerrados para tranquilizarse antes de proseguir―. No escribía nada mal, pero hay dos o tres cosas que son esenciales en Absolute Shit, hijo: el dinero y nuestra bandera de barras y estrellas, ésa ―dijo con gravedad mientras me miraba directamente a los ojos― que mi padre defendió en Iwo Jima.
―Vaya, no sabía que tu padre hubiera luchado allí ―dije con respeto.
―Y no lo hizo porque mi padre es bizco de nacimiento y no puede acertar a volarse las pelotas con un fusil, pero el caso es que ―prosiguió como si nada―, después de muchas negociaciones y esfuerzos, el japonés se fue con otra editorial, Gumball & Burrell o Holy Mountain Inc., no me insistas, no lo recuerdo bien. Y ahora necesitamos más gente para el nuevo catálogo de Absolute Shit. Por eso estás aquí, hijo.
―Con toda honestidad, Dan, no entiendo una mierda. ¿Cuál es mi papel en esto?
―Tú no te preocupes, acompáñame ―me agarró del brazo y comenzamos a caminar por la fiesta―. Quiero que conozcas a unos tipos de lo más interesante, carne de cañón para Absolute Shit. Verás, necesito que te conviertas en nuestra «conexión», en un agente comercial: gánatelos como sólo tú sabes hacer, en el cuerpo a cuerpo y en la palabra. Sabemos que tienen talento, y queremos ese talento dentro de nuestro catálogo. Hemos hecho nuestros deberes, hemos investigado y hemos negociado con sus agentes, pero tú hablas su mismo idioma: el idioma de la genialidad. Absolute Shit confía plenamente en ti, ya sabes que desde el principio tú eres nuestra guía y también eres consciente de que últimamente no has vendido una puta mierda, así que, «con toda honestidad», no te queda otra que convencerles para que se alisten al ejército del éxito que es Absolute Shit Inc., hijo ―me guiñó el ojo con lo que quise suponer era complicidad.
―Genial –susurré para mis adentros.

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