Sticky Fingers (II)

―Quizá un poco de LSD ―dije al fin― porque, demonios, esta fiesta está muerta.
―No te preocupes, hijo, tendrás el mejor LSD que haya en este maldito barrio de Londres; si hace falta, pido un taxi, voy a Cambridge y se lo quito de la sangre al mismísimo Syd Barrett ―me consoló dándome una suave palmada en la espalda―. De hecho, no sería la primera vez. Maldito loco… ―musitó antes de darle un trago a su Martini―. Bueno, dejémonos ahora de gilipolleces y hablemos de negocios: te hemos traído aquí por una razón, no creas que esta fiesta que nos ha costado diez mil pavos es porque somos gilipollas y nos gusta tirar el dinero por ahí; eso era el año pasado. Sigue leyendo

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Sticky Fingers (I)

En febrero de 1983 regresé de nuevo a Londres, esta vez para promocionar mi recopilatorio de escritos Mahatma, basura espacial y pantalones de nylon, del cual creo que se lograron vender unos ochenta y nueve ejemplares aquel año. Por entonces Absolute Shit aún consideraba que yo era su estrella emergente ―después de casi quince años continuaba emergiendo, de ahí que muchos pasaran a llamarme «El Submarino (no confundir con…)»― y no reparó en gastos para cruzar el charco y engañar a la flema británica, también conocida como New Wave, en unos tiempos revueltos que, según afirmaban, aportaban buenos resultados financieros. Sigue leyendo

Satanica coniurationis, Ep. I

Clyde Enzo Johnston, socio cofundador de la prestigiosa revista especializada “Peinados y Misterios”, ha muerto a los noventa y dos años de edad en un accidente de helicóptero cuando sobrevolaba los Andes en busca del yetichkarqanchikmi o yeti satánico peruano. El viejo, un entusiasta, loco y ultracatólico periodista del misterio de metro y medio, creía que todo lo que nos rodeaba no era más que una extremadamente compleja, deleznable y mortífera conspiración mundial por parte del poderoso lobby judío de Pine Bluff, Arkansas, una gigantesca mentira desde Pearl Harbor a hasta el helado bajo en grasas para gatos. Sigue leyendo

Memorias de un pésimo escritor (IV) – Extractos perdidos – 1991

* Breves apuntes sobre el origen de la familia Wade:

No soy angelino, aunque me adapté muy bien a la buena vida californiana. De hecho nací en México, si bien pronto me trasladé a California con el resto de mi familia. Mi padre era un veterano de guerra con metralla en el cráneo. Eso pudo desestabilizar su razón, además del alcohol. Acabó en México por culpa de Gonzales. Sigue leyendo