»Al poco de arruinarse ―continuó Dan―, Higgins fue invitado por un conocido suyo a un concierto de los Jefferson Starship en San Francisco. Cuando estaban presenciando la actuación en el backstage, un admirador secreto de la cantante Grace Slick se coló allí haciéndose pasar por un periodista de NME y sacó una navaja automática para meterle un tajo en la garganta en claro gesto de amor. Higgins se percató de sus intenciones (creo que el tío se llevó todo el puto concierto gritando que iba a rajarle el cuello) y, justo cuando el desconocido se iba a abalanzar sobre su víctima, le agarró del brazo con una mano y se lo partió por tres sitios antes de dejarlo inconsciente de un abrazo; detuvieron al loco (que resultó ser un vendedor de cortinas de baño de Sacramento o un taxista de Oklahoma, no me insistas, no lo recuerdo bien) y Higgins pasó a ser un héroe. Así que, tras oír la historia y calcular a ojo el tamaño de lo que le cuelga entre las piernas al bueno de Higgins, Slick le ofreció un puesto como guardaespaldas personal. Él aceptó el trabajo y comenzó a girar y a meterse de todo por América con la banda. Sigue leyendo →